¿Qué es el Valencia C.F.?

Por Toni Benavent

¿Qué es el Valencia CF? Una pregunta que puede ser de fácil respuesta: un equipo de fútbol. Pero a esta afirmación rápida, distante quizá, le faltan muchos matices y, tal como muchos estáis ahora mismo pensando, no, no es sólo un equipo de fútbol. El Valencia C.F. es mucho más. Es sentimiento, pasión, instinto… es algo que está contigo y te acompaña desde que prácticamente tienes uso de razón. Lo puedes corroborar al notar ese hormigueo diferente cuando ves el murciélago del escudo, con esa sensación única de pertenencia a unos colores, a un equipo, a una ciudad, a una provincia. No es algo que decides porque sí, es una emoción que te atrapa. Cuando eres del Valencia de verdad, nada ni nadie te va a hacer cambiar de opinión, porque no es una elección, es una atracción. Ahí hay química.  

Cuando eres del Valencia de verdad, nada ni nadie te va a hacer cambiar de opinión, porque no es una elección, es una atracción.

Te alegras, saltas, sufres, lloras, maldices, te acuerdas de los antepasados del árbitro o de aquel jugador contrario especialmente borde, te desgañitas a voz en grito cuando marcamos un gol, protestas enérgicamente ante esa falta no pitada vista por todos menos por el señor que impone las normas en el terreno de juego, el día siguiente a una victoria te sientes más ligero, al contrario en caso de una derrota, más aun si ha sido dolorosa… Si eso no son sentimientos, que baje Dios y lo vea. No es que sea imprescindible para vivir, eso es cierto, pero qué duda cabe que forma parte inseparable de nuestra vida. De algún modo u otro, el Valencia C.F. siempre ha estado ahí desde que eras pequeñito, tanto física (cuando estás viendo un partido), como etéreamente (cuando piensas en él o lo hablas con los colegas). ¿Cómo no vas a sentirlo parte ti? 

El Valencia CF siempre ha estado ahí desde que eras pequeñito, tanto física (cuando estás viendo un partido), como etéreamente

Son más de mil y un recuerdos imposibles de borrar, buenos y mejores. Tu abuelo, tu padre, tu tío, tu hermano… Has respirado valencianismo desde siempre, por eso está tan arraigado el sentimiento de la afición hacia el equipo. Y hablando de equipo, ¿Qué hay de esos jugadores, esos ídolos que han vestido la elástica blanquinegra y han marcado una época en la historia de este club centenario, contribuyendo a su grandeza? La visión de juego privilegiada y los goles de Fernando Gómez Colomer (ya os explicaré por qué mi padre le puso el mote que le puso), las paradas imposibles de Santi Cañizares (y las lágrimas desgarradoras en la final de Champions ante el Bayern), la jerarquía  y los zapatazos de fuera del área de Rubén el Pipo Baraja, el ímpetu y la fuerza de David Albelda, la seguridad del infranqueable Ratón Ayala o del elegante Miroslav Djukic, el liderazgo y los golazos inolvidables de Gaizka Mendieta, la velocidad goleadora del Piojo López, el empuje desafiante del Kily González, la magia ilusionante de Pablito Aimar o David Silva, el juego eléctrico y “levantapúblico” de Vicente, la capacidad anotadora de nuestro Villa Maravilla, la gasolina “casi eterna” del capo Carboni, la entrega sin límites de Rufete o Angulo, las carreras “a lo loco” de Jocelyn Angloma… ¡Han sido tantos!  

Llegados a este punto, como buen seguidor valencianista que se dirige a otros apasionados del Valencia C.F., me resulta imposible, casi una tentación, no recordar algunos de los goles que han quedado grabados a fuego en mi memoria al igual que, supongo, en la de todos vosotros. ¿Divagamos un poco? Sí, claro. Vale la pena.  

Me resulta imposible, casi una tentación, no recordar algunos de los goles que han quedado grabados a fuego en mi memoria

Partido de la fase de grupos de la Champions 99-00, ante el PSV Eindoven. Carboni saca una falta en largo desde la medular de medio campo. El Piojo López se desmarca de la defensa con una velocidad encomiable, recibe el balón en el interior del área grande sin dejar que toque suelo, y empalma una bolea de parábola perfecta que se cuela por el centro ajustada al larguero, haciendo inútil la estirada del portero holandés. GOLAZO. En solo dos toques desde medio campo, el Valencia marcó un gol antológico. De hecho, fue declarado el mejor gol de aquella edición de la Champions League y uno de los mejores de toda la historia de la UEFA, y no me extraña; vaya obra de arte. Pim. Pum. Gol. 

¿Seguimos? 

Volvemos a un partido de Champions, pero esta vez del año 2007, contra el Inter de Milán (sí, se la tenemos jurada al Inter. Bueno, al menos yo sí). El árbitro señala falta a favor del Valencia. Está en tres cuartos de campo, una posición alejada de la portería italiana. David Villa (a saber cuándo volveremos a disfrutar de un jugador como él), se pide la pelota. A priori, está lejos. Para lanzar directamente a puerta, hay pegarle con mucha fuerza, y con puntería, pero sobretodo con toda el alma. El Guaje toma carrerilla. El zapatazo es de escuela de maestros. El balón sale como un obús, coge efecto y se cuela sin remedio por el palo izquierdo del guardameta interista. San Siro enmudece, mientras los seguidores valencianistas alzan su griterío en aquel estadio donde años antes se nos escapó la “orejona”. GOLAZO. Por la competición que se estaba jugando, y por la entidad y rivalidad con el equipo contrario, este gol es imborrable. 

¿Revivimos uno más? Sí, por favor. Este es, si cabe, más especial aun que los anteriores. 

Volvemos a 1999, pero esta vez viajamos a los cuartos de final de la Copa del Rey. Enfrente, el equipo de Van Gaal. Me encuentro en casa, con mi atención centrada únicamente al Barça-Valencia que estaban echando por la tele. La eliminatoria era prometedora, sugerente; ¡qué ganas le teníamos a aquel Barça y a su entrenador! La pelota sale por el fondo. Córner a favor del Valencia. En mis ansias juveniles, me repetía mentalmente: Gol. Gol. Gol. La verdad, no estaba preparado para lo que iba a presenciar a continuación. Adrian “la Cobra” Ilie se prepara el balón. Da unos pasitos y saca el córner. El centro se abre. El balón se va largo y fuera del área.

Ala, a fer la mà, pensé. Però què fa? Mientras me lamentaba por la oportunidad que ya creía perdida vi, por el rabillo del ojo, a un rubio que aparecía a la carrera por la parte inferior del televisor. Armó la diestra, se preparó, y empalmó el balón conforme le vino con todo lo que tenía, lanzando un misil tierra-tierra que se coló con una fuerza descomunal por toda la escuadra culé. Si aquello hubiera sido un capítulo de Oliver y Benji, el balón habría traspasado la red, incrustándose en las vallas de atrás. Mi madre tuvo que venir deprisa, asustada ante los alaridos que estaba dando en mi habitación. ¡Qué zurriagazo! ¡Vaya cañonazo! Una volea histórica, un gol de esos que se ven una vez cada muchos años. La dificultad para que se vuelvan a dar las condiciones, la factura, ejecución y belleza del gol, lo elevan a los altares de los mejores tantos de la historia. En serio, ¿alguien ha vuelto a ver desde entonces, un gol igual o que se le parezca? Que yo sepa, no… Bueno, aquel rubio, como bien sabéis, era Gaizka Mendieta, uno de los capitanes más míticos del club y autor de varios de los goles más bonitos de la historia del Valencia C.F., y del fútbol en general. GOLAZO.  

Espero me perdonéis los más veteranos del lugar, pero servidor lleva siguiendo al equipo desde principios de los noventa, me ha sido imposible disfrutar de muchas otras leyendas no menos inolvidables como el “Matador” Kempes, Arias, Mundo, Botubot, Claramunt, Subirats, Puchades… No es mi intención obviarlos; es que no había nacido aún, hecho que te hace ver la longevidad y trayectoria de este equipo fundado en el lejano 1919. El calado o la importancia que tiene para la gente de la terreta trasciende lo racional: el Valencia es el Valencia, y punto. 

Toni Benavent
Socio de Libertad VCF

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